Los seres humanos hemos construido poco a poco un mundo cada vez más digitalizado. Las marcas han contribuido a ello, aportando productos, contenidos y experiencias disfrutables en el entorno virtual. Pero está resurgiendo una tendencia: la vuelta a lo analógico en marketing.
Los consumidores se pueden llegar a sentir saturados por las pantallas y, cada vez más, demandan escapar de ellas mediante momentos que puedan tocar, oler, sentir, guardar y revivir con los sentidos.
Así lo apuntaba a principio de año el informe de tendencias de la agencia DAVID Madrid, que abrió las puertas de su sede para comunicar las conclusiones de su «Trends Report 2025», un encuentro en el que MarketingDirecto.com – MKD también estuvo presente. Allí pudimos conocer este regreso a la conexión con lo físico en el ámbito de la cultura, pero también en el de la publicidad. En este artículo, te contamos varios casos de proyectos y servicios que están funcionando gracias a su apuesta por recuperar las experiencias tangibles.
La cultura popular: un escenario de coleccionismo
Desde que comenzó la difusión masiva de productos culturales -figuritas, juguetes, cómics, películas, cromos, vinilos-, el coleccionismo ha sido una afición muy extendida. La ilusión de conseguir un artículo exclusivo, de poseer un objeto que genera un recuerdo o una emoción positiva, la capacidad de sacar una historia de la pantalla de la televisión e insuflarle una apariencia real o la opción de decorar un espacio, de pertenecer a una comunidad o de expresar una identidad.
Las marcas han trabajado en ofrecer a diversos fandoms productos que suplen este abanico de insights: Funko Pop, charms para personalizar la ropa, Warhammer, Pokemon, Labubus, Sonny Angels, estatuillas de Marvel, Star Wars o Harry Potter y mucho más. Piezas con las que tener muy presente las narraciones y personajes favoritos, también en la vida real.
Además, también hay marcas que invitan al coleccionismo, como Playmobil o LEGO. Y otras que lanzan ediciones especiales, por ejemplo, los vasos reutilizables con ilustraciones de Nocilla o de Starbucks, las latas con nombres propios de Coca-Cola o las colaboraciones entre famosos y empresas como Adidas con Aitana; Spotify con Rosalía, Karol G o Travis Scott; o Nude Project con Ronaldinho. Estrategias como tiradas reducidas, productos numerados o pop-ups refuerzan la exclusividad.
El resurgir de la fotografía analógica
La fotografía analógica está atravesando un inesperado renacimiento. Mientras que a principios de siglo, con el surgimiento de los modelos digitales, algunas icónicas marcas cayeron cuesta abajo y sin frenos, ahora se han reinventado.
Por ejemplo, Kodak o Fujifilm han relanzado cámaras y carretes. Los consumidores que las manejaron hace décadas anhelan volverlas a tener entre sus manos por añoranza de aquellos tiempos. A su vez, las comunidades más jóvenes han descubierto el placer del revelado y de esperar la sorpresa de cada imagen, única y valiosa.
También Polaroid ha buscado cómo volver a comunicar su fórmula con la nostalgia como palanca de compra y, precisamente, la revalorización de la experiencia física. Ahora, comercializa nuevas cámaras que imprimen las fotografías al instante, materializando los recuerdos para siempre.
Lo que antes parecía un vestigio del pasado hoy se convierte en un símbolo de autenticidad y pausa en medio de la inmediatez digital. Una estética que también se ha volcado en el cine, con películas grabadas en analógico.
Los clubes de lectura y el marketing literario
A pesar del auge en la década de 2010 de los e-books, no han llegado a eclipsar a los libros en papel. Si bien hay quienes prefieren formatos digitales para atesorar cientos de títulos en un soporte ligero como una tablet, muchos otros lectores jamás renunciarán al tacto de las páginas y al aroma de la impresión fresca o de un volumen antiguo.
En línea con esta visión, las conferencias, debates y presentaciones en librerías y las ferias culturales repletas de asistentes demuestran que la pasión por hojear presencialmente un libro sigue enamorando a amplios públicos.
También resalta el auge de los clubes de lectura, tanto en pequeños círculos sociales de amigos, familiares y vecinos, como impulsados por las celebrities. Por ejemplo, son populares las recomendaciones de Dua Lipa, Emma Watson o Reese Witherspoon, que inspiran a masas de miles de lectores. Incluso hay marcas que se han sumado a esta tendencia y han lanzado sus propios clubes literarios, como la firma de moda Miu Miu.
Festivales: una experiencia en la que estar presente
El redescubrimiento de lo físico ha viajado hasta la música. Más allá del relanzamiento actual de vinilos y casetes, también se aprecia en el marketing de festivales. En la promoción de estos grandes eventos, se reivindica el valor de las experiencias presenciales y, sobre todo, únicas. Los mensajes difundidos juegan con la motivación de disfrutar en directo de un artista en una etapa concreta de su carrera musical.
Además, las marcas construyen narrativas en estos espacios con activaciones de marketing experiencial, zonas de descanso tematizadas, pop-ups y cualquier tipo de contenido o concurso que genere diversión, comunidad y engagement. Cada detalle busca que el asistente sienta que forma parte de algo irrepetible, difícil de replicar en lo digital.
El exceso de pantallas y estímulos online ha generado agotamiento en los consumidores y ha abierto un espacio para experiencias físicas y tangibles. En ellas se enmarcan tendencias como digital detox o slow living, la búsqueda de la autenticidad, la valorización de lo sensorial y el fomento de la conexión emocional con las marcas.





