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El «greenwashing» de las empresas de combustibles fósiles se marchita (pero germina algo mucho peor)

greenwashing combustibles fósiles

Escrito por Esther Lastra

Si antes las empresas de combustibles fósiles enarbolaban la bandera del "greenwashing", ahora practican el denominado "climate gaslighting".

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Hace algunos años las empresas de combustibles fósiles trataban de lavar su propia imagen poniendo el acento en la inversión en energías renovables y ufanándose de tomar parte en múltiples iniciativas con el foco puesto en la sostenibilidad. El «greenwashing» era otrora la media naranja de este tipo de compañías. Sin embargo, actualmente las empresas de combustibles fósiles están cortando amarras con el «greenwashing» para arrojarse en los brazos de un enfoque radicalmente distinto: la normalización de la dependencia de los combustibles fósiles.

Clean Creatives, un grupo activista que urge a los profesionales de la publicidad y las relaciones públicas a dejar de trabajar con las empresas de combustibles fósiles, de cuenta de este brusco viraje estratégico en un informe en el que fueron puestos bajo la lupa casi 1.900 anuncios de BP, Shell, ExxonMobil y Chevron.

Tales anuncios vieron la luz en el periodo comprendido entre 2020 y 2024 y en ellos se aprecia con claridad, según Clean Creatives, la transición de «greenwashing» al denominado «climate gaslighting» en el ramo de los combustibles fósiles.

Del «greenwashing» al «climate gaslighting»

Hoy por hoy las compañías de combustibles fósiles hacen suya la narrativa de que el petróleo y el gas son absolutamente irrenunciables en el plano económico y resultan, por ende, cruciales para satisfacer las necesidades energéticas al alza del planeta Tierra.

Por esta razón, en lugar de poner el acento en las energías renovables, las empresas de combustibles fósiles ponen ahora de relieve tecnologías como la captura de carbono para justificar la necesidad de extraer más gas y petróleo.

El reemplazo del «greenwashing» por el «climate gaslighting» emerge a la superficie en un momento fuertemente lastrado por la inestabilidad geopolítica que ha terminado poniendo de manifiesto la vulnerabilidad del mercado de los combustibles fósiles.

La guerra de Ucrania y la escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán han terminado propiciando una conspicua subida de los precios del petróleo, lo cual ha llevado simultáneamente a un buen número de expertos en clima a aseverar que las energías renovables hubieran protegido al mercado de la volatibilidad con la que bregan habitualmente los combustibles fósiles.

Sin embargo, y pese a que en el convulso panorama actual muchos se están apercibiendo de lo perjudicial que puede revelarse eventualmente una excesiva dependencia de los combustibles fósiles, las empresas de petróleo y de gas se empeñan paradójicamente en presentar esos productos como irrenunciables y como «indispensables para la seguridad nacional», asevera Clean Creatives en su estudio.

A juicio de Clean Creatives, el viraje del «greenwashing» al «climate gaslighting» es una maniobra de manipulación psicológica en toda regla, pues ignora que las energías renovables son más baratas de producir y protegen simultáneamente a los países de eventuales inestabilidades geopolíticas.

El «climate gaslighting» es una perversa manera de manipulación psicológica, según Clean Creatives

«El ‘greenwashing’ ha terminado tomando una nueva forma», subraya Nayantara Dutta, Head of Research de Clean Creatives y autora del informe. «En lugar de hacer afirmaciones falsas, las grandes petroleras están promoviendo soluciones falsas como la captura de carbono, pese a que derivan de los combustibles fósiles y crean una dependencia a largo plazo de este tipo de combustibles», añade.

«Mientras el mundo elimina gradualmente los combustibles fósiles, las empresas petroleras están elaborando un discurso que les permite seguir siendo rentables y mantenerse en el poder», denuncia Dutta.

La manera en que la industria de los combustibles fósiles ha respondido a su impacto en el calentamiento global ha cambiado a lo largo del tiempo. Inicialmente este tipo de empresas trataron de contrarrestar las críticas invirtiendo miles de millones de dólares en campañas que minimizaban su impacto en el medio ambiente o que trasladaban de alguna manera la culpa al individuo mediante la introducción del concepto de «huella de carbono».

Posteriormente, en 2020, las grandes petroleras cambiaron de estrategia y comenzaron a enarbolar la bandera del «greenwashing». BP acaparó múltiples titulares hace aproximadamente seis años al anunciar que se comprometería a alcanzar las cero emisiones netas. Y Chevron, Shell y ExxonMobil no tardaron en seguir la estela de la compañía de origen británico.

El «greenwashing»en el ramo de los combustibles fósiles comenzó, no obstante, a marchitarse rápidamente y, tras el apogeo de esta fórmula en el periodo comprendido entre 2020 y 2021, en 2022 las grandes petroleras comenzaron a centrarse en la «seguridad energética».

Un año después, en 2023, las compañías de combustibles fósiles modificaron una vez más su retórica y empezaron a defender de manera simultánea dos enfoques a bote pronto totalmente contrapuestos: que los combustibles fósiles resultaban absolutamente irrenunciables y que las empresas que los producían estaban trabajando presuntamente en un futuro con menos emisiones de carbono.

Sin embargo, desde el año 2024 hasta el momento actual el discurso de las grandes petroleras se ha centrado fundamentalmente en la defensa de la necesaria dependencia de los combustibles fósiles (como si estos fueran imprescindibles e inherentes de alguna manera a la actividad empresarial).

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