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El sexismo, un sospechoso habitual en la agencias

¿Sigue Don Draper vivo y coleando en las agencias? Es hora de decir basta al sexismo

Pese ya no goza afortunadamente de carta blanca, el sexismo sigue paseándose (algo más sigilosamente que antes) por los pasillos de las agencias.

don draperEl debate en torno al sexismo en las agencias no es nuevo en modo alguno. Lo que sí tiene cierta pátina novedosa son las consecuencias emanadas de ese sexismo. Desde que entrara felizmente en escena el movimiento «Me Too», las mujeres ya no agachan la cabeza y dejan pasar tan fácilmente los comportamientos machistas de sus colegas. Y mucho menos guardan el secreto bajo llave cuando son víctimas de acoso sexual.

Sin embargo, y pese ya no goza afortunadamente de carta blanca, el sexismo sigue paseándose (algo más sigilosamente que antes) por los pasillos las agencias, subraya Britta Poetzsch en un artículo para W&V. Toma la forma miradas lascivas y de comentarios execrablemente misóginos que parecen venidos de otra era. Se manifiesta también en sugerencias trufadas de impudicia pero parapetadas tras un dudoso sentido del humor.

Y no siempre aflora en fiestas de Navidad regadas en litros y litros de alcohol sino también cuando los protagonistas están perfectamente sobrios en un aeropuerto o en una reunión con cliente. Muchas de las conversaciones que se escuchan a día de hoy en las agencias son machistas en su vertiente más troglodítica (y con mujeres como incrédulas testigos).

Quien incurren en prácticas sexistas en la galaxia publicitaria  lo hacen en realidad para cuenta de su poder (parece que inconmensurable). No importa lo exitosa que sea una mujer en el ejercicio de su trabajo ni lo brillante que haya sido su presentación. Los líderes de la manada entran invariablemente en escena para ponerla en su sitio.

Es hora de «matar» a Don Draper en las agencias

¿Son entonces el comportamiento machista y el abuso de poder a él solapado típicos de la industria publicitaria? Son más bien típicos de sus estructuras jerárquicas, tapizadas en no pocos casos de telarañas.

Las agencias deberían luchar a brazo partido por el mejor talento y nadie debería poder permitirse el lujo de alienar a buenos candidatos o empleados porque alguno de sus gerifaltes siga creyéndose el genial pero también profundamente misógino Don Draper de Mad Men.

¿Qué hay que hacer entonces? No hacer la vista gorda, alzar la voz y no volver a tolerar situaciones intolerablemente sexistas. Es hora de echa a Don Draper a escobazos de las agencias, concluye Poetzsch.

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