
Utilizar agentes no solo nos va a permitir automatizar trabajo. Nos va a obligar a decidir qué queremos seguir haciendo nosotros y a qué merece la pena dedicar nuestro tiempo.
Últimamente parece difícil tener una conversación de trabajo en la que no aparezcan la IA o los agentes. Los clientes preguntan qué estamos haciendo, aparecen nuevas posibilidades casi cada semana y todos intentamos imaginar qué significará esto para nuestro trabajo.
La realidad es que no tenemos la respuesta. Yo, desde luego, no la tengo. Pero en los cafés —sí, últimamente intento tomar más cafés—, hablando con compañeros, clientes y gente de contextos diferentes, empiezo a construir algunas ideas sobre hacia dónde puede ir todo esto.
Hace unos meses escribía sobre la capacidad de la tecnología para devolvernos tiempo. Sigo pensando lo mismo, aunque ahora le doy vueltas a otro ángulo: recuperar tiempo nos da también la oportunidad de repensar cómo queremos trabajar.
Una de las ideas que más se repite en esas conversaciones es qué pasaría si dejásemos de dar tareas a los agentes y empezásemos a darles misiones. Ahí aparecen las agencias de agentes.
Hasta ahora hemos pensado sobre todo en agentes a los que damos tareas: buscar información, analizar datos, generar contenido. Con una agencia cambia la escala de lo que delegamos: ya no hablamos solo de darle una tarea, sino de confiarle una misión.
Pensemos en Marketing. Una agencia podría investigar, encontrar insights, desarrollar conceptos y producir contenidos, colaborando con personas y otros agentes. Eso nos obliga a decidir dónde queremos seguir estando cerca y dónde tiene sentido dar más autonomía.
Y ahí Human in Command cada vez tiene más sentido. Creo que delegar más no significa dirigir menos. Probablemente ocurra lo contrario. Si dejamos de estar en cada paso, tendremos que ser más claros sobre qué queremos conseguir, aportar contexto, establecer límites, saber cuándo intervenir y asumir la responsabilidad final.
En el día a día intento que nos preocupemos menos por tener todas las respuestas y más por hacernos buenas preguntas, probar y compartir ideas aunque estén a medio construir.
Si las máquinas van a ser cada vez mejores dándonos respuestas, nosotros tendremos que aprender a hacer mejores preguntas. Y dedicar tiempo a pensar qué hacemos con esas respuestas: cuestionarlas, contrastarlas y decidir si tienen sentido.
También intento aplicarlo a mi propio trabajo. Cuando preparo una presentación —sí, sigo preparando presentaciones y sigo soñando con el día en que cambiemos ese formato—, quiero seguir decidiendo qué historia contar. Pero cada vez delego más del trabajo para llegar hasta ella.
Delegar no elimina el criterio. Hay que saber qué contexto dar, qué respuesta cuestionar, cuándo intervenir o qué idea merece que sigamos tirando del hilo.
Y aquí aparece algo que me interesa especialmente: la creatividad. Si producir va a ser cada vez más fácil, rápido y barato, tener algo interesante que producir será mucho más importante. Y si los agentes nos quitan parte del trabajo necesario para hacerlo, aprovechemos para tener ideas y trabajarlas mejor.
Porque una idea necesita tiempo. Para observar algo que no habíamos visto, conectar cosas, discutir una intuición, probar, equivocarnos o darle otra vuelta porque no nos convence. También necesita gente diferente alrededor. Creatividad, estrategia y tecnología siguen apareciendo demasiadas veces en momentos distintos del proceso. Quizá este sea un buen momento para acercarlas de verdad.
Por eso me interesa seguir hablando con gente que mira este cambio desde lugares diferentes. Clientes, compañeros, colaboradores. Entender qué están viendo y qué nuevas necesidades empiezan a aparecer. De ahí vienen también muchos de esos cafés.
Hace unos meses hablaba de recuperar tiempo. Sigo pensando que ahí hay algo importante. Pero después de muchas de estas conversaciones, cada vez me interesa más qué decidimos hacer con él. De momento, yo quiero seguir teniendo tiempo para pensar, hablar con gente diferente y tener ideas. Y probablemente para algún café más.
Por Patricia Picanyol, Digital Experience & Martech Director en Tangity part of NTT DATA




