Libros de marketing, publicaciones y estudios

La Generación Z redefine la verdad, que nace del maridaje de los hechos y las emociones

Para que algo sea verdad a ojos de la Generación Z, los hechos deben ir acompañados de emociones validadas de manera colectiva.

generación z verdad

ESCRITO POREsther Lastra

FECHA PUBLICACIÓN

Cuando Donald Trump se puso por primera vez al timón de la Casa Blanca en 2016, emergió a la superficie una expresión de nuevo cuño, la posverdad, que comenzó a brotar insistentemente de los labios de los analistas políticos para definir una nueva era gobernada por la distorsión deliberada de la realidad con el último objetivo de manipular creencias y emociones e influir en último término en la opinión pública.

Sin embargo, la posverdad no es la única redefinición de la verdad (en su acepción más clásica) a la que hemos asistido en primera persona en los últimos años. La Generación Z, esa que las marcas han convertido en su ojito derecho y se esfuerzan en complacer con auténtico denuedo, está contribuyendo también a dar una radical vuelta de tuerca al concepto de verdad. Así lo asegura Steven Rosenbaum en el libro The Future of Truth, donde desgrana cómo las vivencias y las experiencias. de los centennials han terminado cambiando no sólo la manera en que esta generación consume la información, sino también la definición de algo aparentemente inequívoco como la verdad.

En la verdad tal y como la concibe la Generación Z convergen los hechos y las emociones

Si antes la verdad era un concepto de naturaleza mucho más vertical que dictaban desde su particular atalaya las universidades, los medios y los científicos, la Generación Z ha contribuido a la horizontalización de este concepto. Esta cohorte demográfica no procesa la realidad única y exclusivamente a través de lo que dicen las instituciones, sino también a través de las redes sociales y los algoritmos que gobiernan esas plataformas. En este sentido, la verdad no se busca sólo en los informes oficiales, sino que se negocia de alguna manera colectivamente. Para que algo sea verdad a ojos de la Generación Z, deben existir no sólo evidencias científicas irrefutables, sino también emociones validadas de manera colectiva a través de las redes sociales (donde se gesta en último término el consenso en torno a los hechos).

La verificación de los hechos puestos sobre la mesa por la ciencia debe acometerse, desde el particular punto de vista de la Generación Z, de manera colectiva. Y en este proceso de verificación colectiva la emoción es el primer filtro. Si algo engendra indignación, esperanza o cualquier otro tipo de emoción, se considera realmente digno de atención.

Posteriormente, y una vez un hecho es contemplado como susceptible de alojar verdad en sus entrañas, se discute sobre ese hecho de manera colectiva. Y la colectividad (reunida habitualmente en las redes sociales) hace las veces de comité editorial en tiempo real.

Tras la discusión social de los hechos, se inicia el verdadero proceso de verificación y toca apalancar la mirada en los detalles asociados a los hechos. No obstante, a ojos de los centennials lo que dicta muy a menudo que algo sea o no verdad es la acción. Y cuando algo prende la mecha de la solidaridad y el activismo (como sucedió en su día con el movimiento liderado por Greta Thunberg), ello termina mutando en la prueba irrefutable de su validez.

Para la Generación Z las emociones no reemplazan a los hechos, pero sí son señales de que hay que prestar atención a un asunto en particular. En este nuevo ecosistema la intensidad en el plano emocional determina muy a menudo la visibilidad de los hechos y la viralidad termina erigiéndose en un poderoso indicador de la credibilidad solapada a tales hechos.

La IA complica la negociación social de la que emerge la verdad

La manera en que los centennials se aproximan a la verdad se está, por otra parte, topando de bruces con un problema en modo alguno baladí: la IA (que ha terminando poniéndolo todo patas y haciendo aún más inaprehensible la verdad). Esta tecnología no hace sino torpedear la negociación social de la emana en último término la verdad (siempre según esta generación). Estamos, al fin y al cabo, frente a una tecnología que fabrica deliberadamente realidades donde se emborrona la línea que separa lo genuino de lo sintético. Y a ello se une además que lo que llega a los ojos de la Generación Z a través de las redes sociales está mediado por algoritmos para los que el «engagement» tiene definitivamente más peso que la precisión de aquello que es ungido por la anhelada viralidad.

Aun cuando la amalgama de hechos y emociones puede parecer a bote pronto peligrosa y hacer un flaco favor a la verdad, lo cierto es que la Generación Z no reniega en modo alguno de la verdad. Y lo que realmente cambia es que esta generación somete a una suerte de auditoría a quienes ejercen de portavoces de la verdad. Si antes la verdad era lo que decían los expertos (a quienes pocos osaban llevar la contraria), la verdad es ahora de naturaleza colectiva y está fuertemente anclada en las emociones. Para la Generación Z es verdad aquello que comienza removiendo las entrañas de su propia comunidad y que, una vez discutido y verificado, se decide colectivamente que tiene en efecto la vitola de cierto.

Temas