Portada » Marketing Digital » Digital » ¿Se avecina una avalancha de impuestos contra las «Big Tech» estadounidenses en la UE?

¿Se avecina una avalancha de impuestos contra las «Big Tech» estadounidenses en la UE?

Escrito por Esther Lastra

Castigando con más impuestos a las grandes "Big Tech" estadounidenses la UE espera compensar (al menos parcialmente) el daño absolutamente colosal infligido por los nuevos aranceles de Trump

Compartir:

Ante el fragoroso tumulto propiciado por los nuevos y controvertidos aranceles de Donald Trump desde la Unión Europea (UE) se buscan ya respuestas contundentes contra Estados Unidos. Y tales respuestas tomarán la forma de aranceles recíprocos (que Bruselas tratará en todo caso de evitar negociando con Washington) y también previsiblemente de impuestos contra las «Big Tech» radicadas en Estados Unidos.

Pese a la tregua arancelaria de 90 días declarada por ambas partes, las tensiones entre Estados Unidos y la UE siguen muy presentes a este y al otro lado del Atlántico. Y mientras se resuelve (o no) la guerra comercial entre los que fueran otrora socios, las autoridades europeas no están dispuestas a dejarse intimidar por Estados Unidos y no descartan castigar con más impuestos a Amazon, Apple, Meta y compañía. El Ejecutivo comunitario liderado por Ursula von der Leyen quiere que la respuesta de la UE a la cascada de aranceles impuestos por Trump incluya medidas fiscales y de naturaleza regulatoria contra la poderosa industria digital estadounidense. Castigando con más impuestos a las grandes «Big Tech» Brusela esperan compensar (al menos parcialmente) el daño absolutamente colosal infligido por los nuevos aranceles de Trump en suelo europeo.

La ofensiva fiscal de la UE contra Silicon Valley no brota en todo caso única y exclusivamente del revanchismo inevitablemente provocado por la nueva política arancelaria de Trump y busca sobre todo y ante todo corregir el profundo desequilibrio que existe a día de hoy en la economía digital a escala global. Al fin y al cabo, titanes tecnológicos como Amazon y Microsoft pagan muy pocos impuestos en la UE (en buena medida porque se apoyan en una vasta miríada de triquiñuelas fiscales) a pesar de los ingresos absolutamente ciclópeos que aterrizan en sus arcas procedentes del viejo continente.

Por lo pronto las multinacionales tecnológicas estadounidenses tienen a todas luces el monopolio en el mercado de la computación en la nube. Y los ingresos procedentes de la publicidad digital, de los que se benefician de manera directa esas multinacionales, crece en Europa una media del 16% cada año.

La UE quiere corregir el desequilibrio en la economía digital castigando con más impuestos a las «Big Tech» estadounidenses

También en el ámbito de los medios digitales y los servicios de vídeo en streaming, cuya facturación se ha duplicado en los últimos años en suelo europeo, el dominio estadounidense es absolutamente incontestable de la mano de «players» como Netflix, Amazon y Disney.

Y si apalancamos la mirada en el e-commerce, un sector que ha protagonizado un crecimiento absolutamente exponencial en Europa en el transcurso de los últimos años, quien tiene la vitola de líder, Amazon, es de nuevo una empresa estadounidense.

A diferencia de los tradicionales conglomerados industriales, que necesitan fábricas, almacenes y centros orientados a la prestación de servicios cuando recalan en otros países, las empresas digitales dejan una huella física mínima en los mercados extranjeros en los que operan. Y por eso su facturación es engañosamente magra cuando las autoridades europeas les solicitan obedecer a sus obligaciones con el fisco.

Además, las «Big Tech» estadounidenses que operan en Europa ubican normalmente sus sedes europeas en países como Luxemburgo, Irlanda y Países Bajos, donde se benefician de importantes ventajas fiscales. En consecuencia, y gracias a estos y otros ardides, las grandes empresas digitales pagan en Europa unos impuestos de poco más de 9%, frente al 23% que deben abonar de media compañías ajenas al universo digital.

Precisamente por esta razón, y para tratar de subsanar este desequilibrio, la UE ya intentó hace unos años introducir a escala europea un impuesto para gravar los ingresos emanados de la publicidad y de las ventas online. Sin embargo, el proyecto se topó eventualmente de bruces con el fracaso, en buena medida porque países como Irlanda y Suecia temieron que ese nuevo impuesto pudiera tener un impacto negativo en su industria digital doméstica y terminaron bloqueando la iniciativa.

Hace unos años Estados Unidos abrió asimismo la puerta a que las «Big Tech» pudieran ser confrontadas con más impuestos fuera del país norteamericano si se implementaba una reforma fiscal a escala global. La OECD lanzó posteriormente una ambiciosa iniciativa centrada en esa reforma fiscal, pero solo un puñado de países de la UE (Austria y España, entre otros) introdujeron impuestos dirigidos específicamente a los grandes «players» de la industria tecnológica.

Con Trump de nuevo en la Casa Blanca, Estados Unidos se ha desvinculado de la iniciativa de la OCDE y ha comenzado de nuevo a emerger con fuerza la posibilidad de introducir un nuevo impuesto digital que afecte a todos los países de la UE en su conjunto. Si la UE implementara una tasa digital similar a la aprobada por Austria en 2019, en las arcas comunitarias podrían recalar cada año más de 37.000 millones de euros, de acuerdo con algunos estudios.

A la implementación de una tasa digital europea se oponen, no obstante, no pocas voces críticas. Y quienes se muestran contrarios a esta medida tienen el convencimiento de que esa tasa tendría a la postre un efecto contrario al deseado, pues en lugar de confrontar a las «Big Tech» con más impuestos, tales impuestos podrían ser fácilmente regateados mediante un incremento de los precios que debería absorber el bolsillo, ya de por sí castigado, del consumidor. Eso es, de hecho, lo que sucedió en Austria cuando el país centroeuropeo comenzó a aplicar su tasa digital, pues fue eventualmente el consumidor de a pie quien absorbió los costes al alza solapados a la iniciativa.

Cuando los ministros de Comercio de los países miembros de la UE discutieron esta semana sobre la eventual imposición de una tasa digital a escala europea, Simon Harris, el ministro irlandés, ya advirtió de las «consecuencias destructivas» de esta medida. Y su colega italiano Antonio Tajani dio voz asimismo a un parecer muy similar. Existen, en este sentido, pocas posibilidades de que prospere en la UE una tasa digital que se mire en el espejo a la aplicada a día de hoy en Austria, pero sí podrían aprobarse en todo caso gravámenes que afecten única y exclusivamente a las «Big Tech» estadounidenses. Y la feroz ofensiva arancelaria de Trump se antoja la excusa perfecta para discutir seriamente en el seno de la UE sobre la aplicación de tales gravámenes.

Los impuestos a la industria digital serán una importante baza en las negociaciones de la UE con Estados Unidos a cuenta de la política arancelaria de Trump

En virtud de una regulación aprobada en su día por la UE, el bloque comunitario tiene potestad de responder con contramedidas a aquellos países que, como Estados Unidos, boicotean los mecanismos previstos por la Organización Mundial de Comercio y amenazan su política comercial. Y tales contramedidas pueden estar dirigidas contra un país en particular (Estados Unidos en este caso). Por consiguiente, la UE podría imponer a las compañías estadounidense restricciones a las importaciones y tasas adicionales y excluirlas asimismo de los contratos públicos.

El denominado instrumento contra la coerción económica, que los estados miembros deberían aprobar por mayoría cualificada, prevé medidas aún más duras y de ser aplicado, podría dejar completamente fuera del mercado a las «Big Tech» estadounidenses.

Los expertos confían en que este y otros instrumentos puedan dar cierta ventaja a la UE en la guerra comercial con Trump. Mientras el conflicto se centre en bienes industriales y agrícolas, Estados Unidos tendrá inevitablemente la sartén por el mango, puesto que las empresas europeas adscritas a este ámbito de actividad son muy vulnerables a los aranceles de Trump y podrían verse desposeídas de casi 200.000 millones de euros procedentes del comercio con Estados Unidos. Sin embargo, si el conflicto se extendiera a la industria digital, las tornas cambiarían y sería la UE la que estaría en una mayor posición de fuerza y podría atacar a un sector, el radicado en Silicon Valley, que genera anualmente casi 400.000 millones de euros en suelo europeo. Para las «Big Tech» estadounidenses dejar de tener acceso a semejante cantidad de ingresos (aunque fuera de manera solo parcial) sería un duro golpe y obligaría a Estados Unidos y la UE a negociar una salida.

Bruselas espera en todo caso no tener que aplicar medidas tan duras para responder a los aranceles de Trump y la diplomacia comunitaria confía en llegar a un acuerdo. Las mesas de negociaciones son hoy por hoy la primera opción para la UE. Sin embargo, no se descarta abrir el melón de los impuestos y las tasas aplicadas a las «Big Tech» estadounidenses si así fuera necesario para presionar a Estados Unidos. Muchas de esas empresas tecnológicas tienen, al fin y al cabo, más usuarios en Europa que en Estados Unidos y obtienen así mismo más ingresos en el viejo continente que en su patria chica. Hay, por lo tanto, mucho dinero en juego que sería un argumento óptimo para la UE en las negociaciones con Estados Unidos si estas descarrilaran en algún momento.

Compartir:

Sephora confía su relación con los medios españoles a la agencia de estilo de vida Idónea ComunicaciónAnteriorSigueinteDavante: la nueva marca de formación que nace para multiplicar

Salir de la versión móvil