Las verdades que la inteligencia artificial esconde

5 verdades sobre la inteligencia artificial que deberían taladrar sus oídos (por su bien)

Al hablar (por hablar) de la inteligencia artificial muchos se enredan en una auténtica maraña de malentendidos y dejan en un segundo plano las verdades más básicas sobre esta disciplina.

aiLa cada vez más ubicua inteligencia artificial hace gastar litros y litros de saliva a quienes tienen la vitola de gurús y también de aquellos que son más bien expertos de medio pelo y que aun así se permiten el lujo de opinar sobre la tecnología de moda.

En torno a la inteligencia artificial, cuyos tentáculos se agarrarán como lapas a nuestras vidas en el transcurso de los últimos años, existen lamentablemente muchísimos malentendidos.

Cegados por las luces de neón de una tecnología que tenía antaño su hábitat en la ciencia ficción, algunos pasan por alto las verdades más esenciales sobre la inteligencia artificial. Las verdades más punzantes (y necesarias) sobre esta tecnología son estas que disecciona a continuación Inc.:

1. La inteligencia artificial tiene una necesidad urgente de diversidad

Para llegar a buen puerto al barco de la inteligencia artificial se tiene que subir la diversidad, la diversidad de género, la diversidad étnica y la diversidad de conocimientos y experiencias.

Si la inteligencia artificial estuviera más sazonada con más diversidad, la retórica en torno a esta disciplina pivotaría más en torno a la compasión y la colaboración y menos en torno a la dominación (un sentimiento emanado de la testosterona que rezuman por todos los poros quienes llevan hoy por hoy las riendas de esta tecnología).

2. La tecnología es neutral (somos nosotros los que como sociedad debemos decidir si la utilizamos para bien o para mal)

La inteligencia artificial alberga en sus entrañas muchísimo potencial en favor de las fuerzas del bien (por mucho que algunos se empeñen en colgarle la etiqueta de agente del mal).
Es necesario educar a la sociedad sobre los usos buenos y también malos de la inteligencia artificial para hacer brotar un debate lo más transparente posible en torno a esta disciplina.

La ética es un factor de suma relevancia en la inteligencia artificial y en ella deben estar involucradas no sólo los legisladores sino también la sociedad en general (a la que hay que educar a través del debate).

3. Hay que asegurarse de que la inteligencia artificial es equitativa, responsable, transparente e inclusiva

La inteligencia artificial no es una amenaza en sí misma. Quienes de verdad constituyen una amenaza para esta tecnología son quienes la desarrollan e inoculan deliberadamente en ella prejuicios de raza, de género y de etnia.

Más allá de los prejuicios que podrían apoderarse de la inteligencia artificial en el futuro y acabar convirtiéndola en una tecnología manifiestamente injusta, es necesario abordar el debate en torno a quiénes deben asumir la responsabilidad sobre sus fallos (que los habrá): ¿las máquinas o los humanos que han diseñado esas máquinas? Esta pregunta es tremendamente compleja, pero es preciso responderla lo antes posible con el desarrollo de estándares que delimiten apropiadamente la responsabilidad de la inteligencia artificial.

4. Es una asociación, no una guerra

La inteligencia artificial no es el perfecto caldo de cultivo, como algunos creen, para una guerra sin cuartel entre humanos y máquinas. Utilizada como fuerza para el bien, la inteligencia artificial engendra valiosas asociaciones colaboraciones entre humanos y máquinas que juntos tendrán mucho que ganar, por ejemplo, en el terreno de la medicina.

5. La inteligencia artificial necesita pertrecharse de inteligencia emocional

La inteligencia en su acepción más universal, la que la emparenta con el intelecto, se fusionará probablemente con la inteligencia emocional en la tecnología que se divisa en el horizonte. Se trata de una fusión inevitable si tenemos en cuenta que muchas de nuestras decisiones (tanto personales como profesionales) utilizan las emociones y las relaciones a modo de carburante.

En el futuro invertiremos cada vez más tiempo con gadgets de toda clase y condición y para que nuestra propia humanidad no se vea degradada será necesario inyectar una pizca de emoción en las conexiones entre humanos y máquinas.

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