El primer CEO de la historia fue San Pedro y los primeros comerciales los apóstoles, y ¿el arte Barroco?, la mejor campaña de publicidad de todos los tiempos. La Iglesia católica es la mejor marca de la historia, así lo señalan Leopoldo Abadía y Toni Segarra en su libro La marca de Dios: 2000 años influyendo, una publicación que demuestra que a lo que comunicación se refiere, la Iglesia tiene dos mil años de ventaja frente a las mayores marcas del mundo.
¿Qué tienen en común Apple y la Iglesia?, todas aquellas estrategias que aplican las grandes marcas dentro de sus planes de comunicación parecen tener un origen común: ha sido la Iglesia católica la primera en utilizarlas. Una institución que ha sido capaz de influir, por lo menos durante dos mil años, no solo en el aspecto espiritual de la sociedad, sino también en el aspecto material.
De esta forma, Abadía y Segarra destacan que no hay estrategia de comunicación o plan de marketing que no haya sido probado por la Iglesia católica, pues a lo que se refiere el mundo de la comunicación, la Iglesia ya lo ha inventado todo. Son sus métodos, formas, rituales y promesas las que han señalado el camino de las empresas modernas como Apple o Coca-Cola a la hora de convertir a los consumidores en embajadores, o mejor dicho apóstoles, de las marcas.
Como señalan Leopoldo Abadía y Toni Segarra en una entrevista a MarketingDirecto.com, este libro se convierte en un estudio que demuestra las infinitas analogías que existen entre la Iglesia católica y el mundo del marketing.
La Iglesia Católica: ejemplo y guía de las grandes marcas
La Iglesia supo antes que cualquier anunciante una de las máximas de la publicidad: hay que llegar a cuanta más gente posible, y cuando antes mejor. Como señalan los autores, «sabemos que la Iglesia puede no gustarle a todo el mundo, pero su influencia no se puede negar».
Pero, la Iglesia juega con una ventaja importante, el chairman ideal, capaz de crear una empresa «para la eternidad». La figura de Jesucristo es aspiracional para muchas marcas globales, un líder capaz de movilizar a sus fieles y poner en marcha un proyecto que ha perdurado por 2.000 años. Steve Jobs en este sentido es una figura mesiánica, ya sea por su revelaciones, visiones o determinación para cambiar el mundo con Apple.
Otra de las grandes lecciones de la Iglesia católica al mundo de la publicidad, es su capacidad para trasladar siempre el mismo mensaje. Un ejemplo que ha sido seguido por McDonald’s, una cadena de comida rápida que consigue que sus hamburguesas sean las mismas en Nueva York, Tokio o Madrid.
«La marca de Dios» y la necesidad de dejar de pensar a corto plazo
Segarra señala a este medio que pensar en el largo plazo es fundamental dentro de cualquier estrategia de comunicación, «soy incapaz de pensar en una campaña o en una estrategia de comunicación sin pensar en un mínimo recorrido temporal». El publicista añade, «quizá la pregunta que deberían hacerse las marcas ‘de lo que yo soy ¿qué hay de eterno?, ¿qué hay que me haga presente de una manera relevante en la sociedad para siempre?’, para empezar porque muchas marcas encontrarían que no tienen nada».
Actualmente las marcas se desviven por plantear su propósito a la sociedad, es una tendencia que se ha puesto de moda gracias a su capacidad de generar fidelidad en la audiencia. Pero, como señalan los autores, este propósito «se confunde con la obligación que siempre ha existido de adaptarse a lo que la sociedad demanda en cada momento».
Es decir, las marcas buscan con locura un propósito, como si no tuvieran uno desde su fundación. En este sentido, el cortoplacismo se convierte en un enemigo de las marcas modernas, mientras que la Iglesia demuestra una vez más su capacidad para pensar a largo plazo, Ecclesia semper reformada est.
Adaptación a los tiempos… sin dejar de pensar en el largo plazo
Por su parte, Leopoldo Abadía señala en una entrevista a este medio que en el mundo de los negocios y las marcas debe dominar la tendencia del largoplacismo, y que el «cortoplacismo sea simplemente un instrumento para llegar a él». Pues las decisiones del «día a día» pueden definir el futuro de una organización.
Por otra parte, pero muy relacionado al pensamiento a largo plazo, es que en todo momento la Iglesia católica ha hablado en los lenguajes que ha tenido que hablar: el lenguaje de la época. Adaptándose a las nuevas tecnologías y canales disponibles para transmitir su mensaje. Pero, a diferencia de muchas marcas actuales, no ha saltado de canal en canal sin pensar.
En la actualidad el pensamiento a largo plazo es una tendencia que se pierde por segundos como consecuencia a la obsesión actual por obtener resultados inmediatos, y a menudo, el cortoplacismo acaba borrando lo fundamental.
Coca-Cola y la promesa de felicidad en una botella
La buena publicidad es poética, muestra la belleza de objetos de la vida diaria, como lo puede ser una cerveza o una bolsa de patatas, para convertirlas en acontecimientos dignos de ver. En este sentido, de la misma forma que la Iglesia «vende» a los creyentes un intangible como es la vida eterna. Se puede decir que es incluso la mejor promesa de producto del mundo.
Hay grandes marcas siguen esta idea con gran éxito. Por ejemplo, a pesar de vender productos físicos Coca-Cola vende también una promesa emocional e intangible: prometen vender la felicidad en una botella. Los productos de Apple tienen un componente milagroso, que es capaz de revolucionar el mundo, mientras que el «just do it» de Nike es casi religioso.
En conclusión, no hay separación entre los conceptos que se manejan hoy en día en el mundo del marketing y la publicidad, y las estrategias que ha manejado la Iglesia desde hace veinte siglos.
Más información sobre «La marca de Dios» de Leopoldo Abadía y Toni Segarra
- Título: La marca de Dios: 2000 años influyendo
- Autores: Leopoldo Abadía y Toni Segarra
- PVP: 19,90 euros (Tapa blanda)
- Editorial: Espasa libros
- Año de edición: 2023
- El libro se encuentra disponible para comprar en este enlace.





