En una plaza pública sita en Melbourne un enorme botón de color rojo invita a los transeúntes a pulsarlo para comprobar cómo funcionaría Australia sin trabajadores migrantes. A continuación, un hombre se acerca al batón y, movido por la curiosidad, lo aprieta sin pensar en las ulteriores consecuencias de sus actos. Y es que lo que parece a bote pronto una acción completamente baladí termina poniendo patas arriba su vida cotidiana (y la de sus conciudadanos). Esta es la premisa de un llamativo spot (devenido a la postre en viral) de la Asociación Australiana de Hoteles.
Alumbrado con IA, el anuncio imagina de manera convincente (y simultáneamente brutal) las consecuencias inmediatas de la desaparición de mano de obra extranjera en Australia. Sin trabajadores migrantes la hostelería, la agricultura, el «delivery», la sanidad y otros sectores se verían abocados al desastre, tal y como ilustra el anuncio a través de escenas tan absurdas como preñadas de comicidad (en su vertiente más negra).
En las cafeterías y en los pubs los baristas y los camareros reciben a través del teléfono móvil notificaciones en las que se les ordena abandonar de inmediato el país. Y sin más dilación dejan su puesto de trabajo para desconsuelo de sus colegas de trabajo y de los clientes.
Sin trabajadores migrantes las estanterías de la sección de frutas y verduras de los supermercados lucen igualmente prácticamente vacías. Y está a la venta una única manzana que, pese a lucir un golpe sobre la superficie, cuesta nada más y nada menos que 47 dólares.
En medio de tan desolador panorama pedir comida a domicilio deja igualmente de ser una opción, pues la fecha estimada de entrega de los pedidos es al día siguiente (por la falta de mano de obra en este ramo de actividad).
El caos se apodera igualmente de los hoteles y los restaurantes. En un hotel el recepcionista entrega productos de limpieza a una huésped para que limpie su propia habitación. Y en un restaurante los clientes son invitados a pasar a la cocina para prepararse su propia comida (porque no hay cocineros).
En la última escena del anuncio el protagonista (quien ha pulsado previamente el botón rojo) visita a su progenitora, que está postrada en la cama y que le da a su hijo un rollo de papel higiénico para que la ayude a limpiarse (puesto que su cuidadora se ha visto obligada a abandonar Australia).
Aunque hubiera podido narrar las historias de los trabajadores migrantes directamente afectados por una eventual retirada de sus permisos de trabajo, el spot de la Asociación Australiana de Hoteles elige concentrarse en las consecuencias que tendría la desaparición de tales trabajadores en el día a día del ciudadano de a pie. Y sobre cada una de las escenas retratadas en el anuncio aletea pertinazmente la misma cuestión: ¿quién desempeñaría las labores tradicionalmente asumidas por los trabajadores migrantes si estos se vieran obligados de repente a abandonar Australia?
El spot ve la luz después de que el Gobierno australiano anunciara hace poco un endurecimiento de su política migratoria con el último objetivo de reducir la migración neta anual hasta las 225.000 personas en 2028 (frente a las 300.000 personas actuales).
La Asociación Australiana de Hoteles argumenta, no obstante, que esta decisión se traduciría en un importante déficit de mano de obra en los sectores de la hostelería, la agricultura y la salud. Según esta organización, las nuevas restricciones migratorias (que afectan particularmente a los jóvenes de entre 18 y 30 años que solicitan la visa «Work & Holiday») provocarían una pérdida de 40.000 trabajadores en áreas rurales y remotas de Australia.
