La madurez digital se define en dos parámetros. Por un lado, la intensidad digital, que implica una inversión importante y meditada en tecnología y capacidad digital. Por el otro, la transformación de la intensidad de la gestión, dando forma a las prácticas, la dirección y el futuro de la compañía en torno a los esfuerzos digitales.
Con estos dos parámetros el estudio ha dividido a las compañías en cuatro cuadrantes diferentes basándose en su rendimiento. Estos grupos son: ‘principiantes’, aquellos que apenas acaban de empezar y no entienden las oportunidades; ‘fashionistas’, aquellos que adoptan las innovaciones digitales más en boga pero sin una estrategia cohesiva o con el objetivo de maximizar el valor de su negocio; ‘conservadores digitales’, es decir, los que tienen una visión cohesiva pero invierten en la nueva tecnología con lentitud; y los ‘Digirati’, los que invierten en digital y lo integran en toda la organización.
Entre las compañías ‘Digirati’ o digitalmente más maduras el estudio resalta nombres como Volvo, Burberry o Nike, que han logrado aumentar su éxito a través de las redes sociales y las herramientas digitales, convirtiéndolas en una parte fundamental del negocio y no un experimento.