Después que una influencer transgénero tuviera a bien vender las bondades de Bud Light en Instagram, los conservadores están llamando al boicot contra la célebre marca de cerveza allende los mares y también contra su matriz AB InBev. Tan airada reacción es de alguna manera el epítome de la feroz guerra cultural que enfrenta actualmente a conservadores y demócratas en Estados Unidos.
El pasado 1 de abril la influencer trans Dylan Mulvaney anunciaba a bombo y platillo una colaboración con Bud Light en Instagram y promocionaba allí la célebre marca de cerveza entre sus 1,8 millones de seguidores.
Sin embargo, la publicación, aparentemente inocua, desató la rabia de los seguidores del expresidente Donald Trump contra la que tiene la vitola de ser una de las cervezas más populares al otro lado del charco.
La respuesta al post de marras fue inmediata e inusitadamente violenta. El cantante Kid Rock, que no oculta su ideología profundamente conservadora, añadió leña al fuego publicando en Twitter un vídeo en el disparaba sus rifle contra varias cajas de latas de la marca Bud Light, que fue agasajada además con una «peineta» por parte del artista estadounidense.
Kid Rock es uno de los pocos artistas de origen estadounidense que apoyaron abiertamente a Donald Trump durante su mandato. En el clip diseminado en Twitter el cantante portaba, he hecho, una gorra con la leyenda «MAGA», un acrónimo del eslogan utilizado por el exmandatario estadounidense en su campaña electoral: «Make America Great Again».
Un polémico vídeo de Kid Rock desató la ola de furia contra Bud Light
Desde que Kid Rock tuviera a bien publicar su controvertido vídeo, otros muchos estadounidenses de ideología conservadora han seguido su ejemplo y han difundido clips similares en las redes sociales bajo el lema «Go woke, go broke».
Kari Lake, una conocida expresentadora de televisión que está afiliada al Partido Republicano, ha asegurado en Twitter que sus simpatizantes rechazaron deliberadamente Bud Light en una barra libre durante un acto de campaña. Y ha lamentado a continuación que quienes enarbolan la bandera de lo «woke» se van tristemente la bancarrota (aludiendo claramente al lema «Go woke, go broke»).
La voz inglesa «woke» se utilizó inicialmente en Estados Unidos para referirse a aquellos ciudadanos que levantaban la voz contra la discriminación racial. Sin embargo, en el país norteamericano los conservadores emplean actualmente este término de manera peyorativa, como sinónimo de «progre». Y dirigen este vocablo contra aquellos ciudadanos que consideran que están llevando demasiado lejos su lucha contra la discriminación. Los conservadores más escorados a la derecha rechazan, por ejemplo, de plano que se informe a los niños sobre la transexualidad en las escuelas.
Pese al ruido que están generando al otro lado las llamadas al boicot contra Bud Light, lo cierto es que improbable que la campaña de desprestigio emprendida contra la marca surta realmente efecto.
La campaña contra Bud Light, que no se ha pronunciado sobre los incidentes, ha reportado muchísima publicidad totalmente gratuita a la marca de cerveza. Además, Bud Light se está ganando la simpatía en las redes sociales de toda una plétora de jóvenes y de ciudadanos adscritos a las minorías.
No es la primera vez que los conservadores inician una campaña de boicot contra aquellas marcas que tienen a bien izar la bandera de la diversidad. El mes pasado Hershey’s se vio en el ojo del huracán en Twitter por una campaña protagonizada por una mujer trans para celebrar el Día de la Mujer en Canadá.





