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Una cultura empresarial está envenenada cuando presenta estos 3 letales síntomas

3 síntomas de que la cultura de su empresa es tan tóxica como la manzana de Blancanieves

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Una cultura empresarial tóxica es una cultura fuertemente lastrada por el miedo que da la cara manifestando algunos de los síntomas que diseccionamos a continuación.

cultura toxicaLa cultura debería ser el divino tesoro de toda empresa. Es a esa cultura a la que una compañía confía, al fin y al cabo, sus éxitos y sus fracasos.

En algunas corporaciones, sin embargo, la sacrosanta cultura no sólo no se cuida sino que se maltrata hasta envenenarla.

Las empresas a las que les ha tocado en suerte una cultura tóxica suelen supurar miedo por todos los poros y están lideradas por personas que ni siquiera son conscientes de que la cultura empresarial está emponzoñada.

Una cultura empresarial está envenenada cuando presenta los síntomas, absolutamente inequívocos, que desgrana a continuación Inc.:

1. Alto nivel de rotación en la plantilla

Cuando la gente ama la empresa donde trabaja, suele permanecer allí durante mucho tiempo. Pero cuando hay un problema de naturaleza cultural, el nivel de rotación en la plantilla es altísimo y las empresas son un constante ir y venir de nuevos empleados.

Para prevenir y solventar adecuadamente la alta rotación de empleados conviene observar con detenimiento cuánto tiempo permanecen los trabajadores en la compañía antes de marcharse y detectar patrones de abandono en los diferentes departamentos de la empresa.

El primer paso para poner coto al alto nivel de rotación que hay a menudo en la plantilla de las empresas es identificar que hay un problema y sólo después tratar de corregirlo.

Según un estudio de Society for Human Resource Management, el coste de reemplazar a un empleado oscila entre el 50% y el 60% del salario anual del trabajador, pero el coste anual emanado de la rotación se mueve en una horquilla de entre el 90% y el 200% de los emolumentos del asalariado.

Los altos niveles de rotación en la plantilla no sólo minan la moral de los empleados sino que cuestan también a las compañías muchísimo dinero.

2. Juego del «teléfono estropeado»: los planes emprendidos por la organización tienden a ser malinterpretados

Las estrategias emanadas de una compañía lastrada por una cultura tóxica tienen muy a menudo todo el sentido del mundo y pueden incluso ser calificadas de absolutamente soberbias.

El problema surge cuando tales estrategias se comunican (a todas luces de manera deficiente) a la plantilla y sale a flote la desinformación.

Huérfanos de datos para comprender adecuadamente la estrategia propuesta por la compañía y, por ende, también para ejecutarla, los empleados, carcomidos por el miedo y la ansiedad, distorsionan la poca información que llega a sus oídos.

Con el paso del tiempo las malinterpretaciones se tornan en verdades absolutas de tanto ser repetidas y la maravillosa estrategia pergeñada con la compañía (probablemente con toda la buena fe del mundo) se queda en agua de borrajas.

A la hora de implementar una estrategia empresarial la comunicación entre directivos y subordinados debe ser fluida y constante desde el principio. De lo contrario, la estrategia se quedarán lamentablemente en el limbo.

3. Los problemas acaban tornándose en crisis por no ser identificados a tiempo

Las crisis son carísimas de resolver e infligen un daño terrible a la reputación (y a las arcas) de las organizaciones.

Cuando quienes se meten en la piel de líderes son incapaces de ver (o prefieren no ver) problemas que deberían haber solventados tan pronto como emergieron en el horizonte, estamos ante un síntoma inequívoco de que la ponzoña ha echado sus garras sobre la cultura de una organización. ¿Por qué? Porque eso significa que nadie se atreve a comunicar al líder que hay efectivamente un problema o bien, porque aun estando al tanto del problema, el directivo prefiere ponerse una venda y no verlo.

Un pequeño problema puede ser más o menos inofensivo en su fase más primigenia, pero cuando a ese problema se solapan más y más y dificultades, el grano de arena termina trocándose en una insalvable montaña cuya formación podría haberse evitado con la inestimable ayuda de la comunicación.

 

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