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Social Media MarketingLa privacidad, el talón de Aquiles de Clubhouse

Los pros y los contras de Clubhouse, la red social de moda

Clubhouse, un sensacional "hype" que podría desinflarse (o no) por sus defectos de privacidad

En tanto en cuanto el usuario es (necesariamente) generoso con los datos personales que pone a disposición de Clubhouse, la app le permite escuchar en directo un buen número de podcasts en directo o incluso iniciar nuevas charlas desde cero.

Desde hace algunos días no se habla de otra cosa en la arena del marketing y la publicidad. Una red social de nueva hornada llamada Clubhouse está de repente en boca de todos y el hecho que solo sea posible acceder a esta plataforma mediante invitación está exacerbando hasta el infinito y más allá el que es ya el primer «hype» 2.0 del recién estrenado año 2021.

En Clubhouse, que pivota única y exclusivamente en torno al contenido en formato audio, el usuario tiene la posibilidad de escuchar conversaciones en directo sobre toda una plétora de temas. Pero para beber de tan caudaloso manantial de conocimiento el usuario debe renunciar también en buena medida a su propia privacidad.

Sin ir más lejos, cuando el usuario ingresa (siempre mediante invitación) en Clubhouse, cede también a los responsables de la aplicación (disponible a día de hoy única y exclusivamente en iOS) los números de teléfono de sus contactos.

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Clubhouse es no solo la red social más en boga del momento sino que desea también saber todo lo posible sobre aquellos que tienen a bien recalar en sus dominios, explica Eva-Maria Weiß en un artículo para Heise.

Esta app, que ha comenzado a cobrar protagonismo en nuestro país hace muy poco, debe en buena parte el fenomenal revuelo que hay en torno a ella a su exclusividad. En Clubhouse departen alegremente «celebrities» como Drake o Jared Leto, pero para recalar allí hay que hacerlo con una invitación. Y quienes están ya presentes en la aplicación pueden dispensar únicamente dos invitaciones.

El imán de lo exclusivo

Cuando alguien recibe una invitación en Clubhouse, debe saber, eso sí, que al aceptarla e ingresar en esta plataforma, da acceso a también a la aplicación al listín telefónico de su iPhone (que no es en modo alguno una minucia).

Los responsables de Clubhouse son, por otra parte, muy estrictos con los nombres reales y las fotos de perfil de quienes se unen a su exclusivo club. Y para controlar la veracidad de la identidad de quienes allí se desenvuelvan, solicitan a sus usuarios información sobre sus perfiles en Twitter y otras redes sociales, sobre sus intereses y sobre sus agendas y les reclaman por supuesto acceso al micrófono de su teléfono inteligente.

«Recopilamos contenidos, comunicaciones y otras informaciones que nos proporcionas, incluida la información que se genera cuando te registras, cuando compartes contenido y cuando te comunicas con otros usuarios», reza la política de privacidad de Clubhouse, cuyos servidores están en Estados Unidos (algo cuestionable a bote pronto en materia de protección de datos).

Un torrente de conocimientos a cambio de un caudaloso manantial de datos personales

En tanto en cuanto el usuario es (necesariamente) generoso con los datos que pone a disposición de Clubhouse, la app le permite escuchar en directo un buen número de podcasts en directo o incluso iniciar nuevas charlas desde cero.

El usuario puede seguir por supuesto a sus contactos y permanecer al tanto de las charlas en las que toman parte. En Clubhouse el usuario accede directamente a podcasts específicos o bien es redirigido a determinadas «rooms» (donde tienen lugar las charlas) en base a sus intereses personales

En las «rooms» de Clubhouse todo el mundo puede ver a quien escucha y la app se toma además la molestia de identificar adecuadamente a quienes son noveles en esta plataforma (hoy por hoy casi todos). Si el usuario participa en calidad de oyente en una charla, puede además levantar la mano (virtualmente) para realizar su propia contribución sobre el tema abordado.

Todas las conversaciones que tienen en el seno de Clubhouse se graban por motivos de seguridad, aunque los responsables de la app justifican asimismo la grabación porque lo que se lleva a cabo allí no deja de ser una forma de «podcasting».

La empresa de capital de riesgo Andreessen Horowitz, que ya invirtió en su día en Airbnb, Facebook, Twitter o GitHub, ingresó la nada desdeñable cantidad de 12 millones de dólares en las arcas de Clubhouse el pasado mes de mayo.

¿Sobrevivirá Clubhouse a su propio «hype»?

Y pese a contar con apenas 1.500 usuarios, la startup está valorada ya en 100 millones de dólares (una cantidad quizás más que justificada si tenemos en cuenta los jugosos datos personales que maneja Clubhouse).

¿Será capaz Clubhouse de sostener en el tiempo el frenético «hype» que hay aleteando actualmente en torno a ella? Aún es pronto para responder a esta pregunta, pero en Estados Unidos, su patria chica, su popularidad ha mermado ya un poco.

La posibilidad de escuchar en directo (y por ende, sin filtros) a personas inspiradoras y expertas en ámbitos específicos de actividad es un poderoso señuelo para muchos. Además, en Clubhouse las barreras (otrora insalvables) para crear podcasts propios se diluyen como un azucarillo.

Sin embargo, Clubhouse se topa de bruces con un obstáculo en absoluto baladí: la falta de tiempo de sus usuarios para escuchar con atención las conversaciones (a veces farragosas) que se desarrollan allí. Los podcasts no son definitivamente tan fáciles de consumir como el contenido que brota de las entrañas de redes sociales como Instagram.

Pero quizás el gran talón de Aquiles de Clubhouse es el concerniente a su política de privacidad, en la que se aprecian a día hoy multitud de agujeros que la app deberá probablemente tapar si desea seguir pegando el estirón en el futuro.

MarketingDirecto.com tiene ya perfil en Clubhouse.

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