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Por qué en Catar las marcas disputan actualmente la copa mundial de la hipocresía

AnunciantesLa hipocresía está triunfando actualmente en Catar

La hipocresía de las marcas, ¿la gran protagonista del Mundial de Catar?

Por qué en Catar las marcas disputan actualmente la copa mundial de la hipocresía

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

En Catar muchas marcas están simplemente escenificando lo que debería ya darse por supuesto: que su propósito es (aparentemente) real y no obedece en modo alguno a intereses de naturaleza económica.

En términos puramente deportivos el Mundial de Catar no está siendo probablemente el epítome de la excelencia. Las noticias que emergen del vientre del que es supuestamente el torneo de más pedigrí en el universo del balompié son a menudo completamente ajenas al fútbol y colocan bajo los focos a marcas que abjuran deliberadamente del Mundial de Catar. Pero, ¿hasta qué punto son honestas las marcas que con tantísimo orgullo reniegan de esta competición?

Las marcas que dan patadas en las espinillas al Mundial de Catar se ufanan de ser tolerantes, inclusivas, cosmopolitas y moralmente impecables. Y convertidas en paladines del propósito, son jaleadas también en términos generales por el gran público.

Cuando la semana pasada la cadena alemana de supermercados Rewe decidió cortar amarras con la Federación Alemana de Fútbol (DFB) por su renuncia a lucir el brazalete arcoíris «One Love» en los partidos del Mundial de Catar ante eventuales sanciones deportivas por parte de la UEFA, a la marca le llovieron las lisonjas en su país natal. De la noche a la mañana Rewe pareció convertirse en campeona mundial de propósito.

Quienes celebraron con enardecido fervor la decisión de Rewe de dar plantón a la selección alemana de fútbol obviaron, sin embargo, deliberadamente un dato en absoluto baladí. El retailer había cancelado ya en octubre su contrato con la DFB y la semana pasada no hizo sino suspender antes de tiempo algo que estaba ya tocado de muerte. Así y todo, Rewe explotó desvergonzadamente a su favor el «timing» elegido para la rescisión de su contrato con la DFB, la cual le habrá granjeado probablemente nuevos clientes, denuncia Bettina Sonnenschein en un artículo para Horizont.

¿Exageran las marcas hasta la extenuación su (supuesto) propósito en el Mundial de Catar?

A nadie pareció molestar, no obstante, el flagrante oportunismo de Rewe, quizás porque en los tiempos que corren las marcas deben enarbolar (sí o sí) la bandera del propósito. ¿No hace sentir quizás un poco mejor que marcas como Rewe o BrewDog, que hace semanas se declaraba en una campaña «orgulloso antipatrocinador» del Mundial de Catar, denuncien precisamente ahora la violación sistemática de los derechos humanos en el país árabe? ¿Acaso no llevan siendo allí sistemáticamente pisoteados los derechos humanos desde hace décadas?

¿Por qué nadie ha levantado hasta ahora la voz contra el lastimoso ultraje de los derechos humanos en Catar? ¿Acaso no seguiremos bebiendo Coca-Cola, comiendo McDonald’s y comprando artículos de bebidas de adidas cuando el Mundial (donde estas marcas son sponsors oficiales) baje definitivamente el telón?

En Catar muchas marcas están simplemente escenificando lo que debería ya darse por supuesto: que su propósito es (aparentemente) real y no obedece en modo alguno a intereses de naturaleza económica.

Quizás se preste a algún que otro malentendido, pero comportarse de manera decente, tener un propósito y vivir en base a él es la base de nuestra sociedad. No es ningún añadido, es algo que nos compete a todos y se aplica tanto a los ciudadanos individuales como a las empresas.

Sin embargo, algunas marcas se aferran al concepto (vilmente manoseado) de propósito para vender y por eso lo utilizan desvergonzadamente en sus campañas de publicidad y hacen (falsas) promesas.

Muchas de las marcas que justamente ahora (casualidades de la vida) juran y perjuran que el propósito, y no las ventas, es aquello que las mueve mienten descaradamente. Y son tan deshonestas como aquellas compañías que prefieren ponerse de perfil y cuentan ya los días para que el Mundial de Catar llegue a su fin, subraya Sonnenschein. En Catar el anhelado título de «pichichi» recaerá, al fin y al cabo, casi con toda seguridad en manos de la hipocresía.

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